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CABALLO VIEJO MI AMIGO. 

Naciste mi caballo, siendo yo un niño
en los campos de Castilla y entre los pinos.
De padre bayo, de madre torda,
y tu, alazán tostado, Canela mío.
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La torda ha parido!!! la torda ha parido!!!-, gritaban los hombres de la finca -la torda ha parido!!! Que griterío, estaban celebrando como niños la llegada del potro. En la cocina de la casa, las mujeres preparaban la cena,  nerviosas; oían los gritos pero no entendían que es lo que se decía, una de ellas abrió la ventana y mirando a las demás a su vez gritó -la torda ha parido!!!-. Salieron todas corriendo de la casa hacia el pinar, querían ver al potro de la torda. Querían celebrar todos juntos la llegada de la pequeña nueva vida. -Llevémosles a la cuadra junto a la casa, la que da a la pared de la chimenea, estarán al abrigo del frío - dijo una de las mujeres. Y así lo hicieron

Con la excitación del momento, las mujeres no repararon en que habían dejado al pequeño Tomás al lado de la lumbre ya bien cenado y medio adormilado. Tenía  Tomás un poco de lentitud en su desarrollo -es que ha nacido tranquilo-, decía su abuela. La verdad es que el niño no se expresaba bien, siendo lento también en sus movimientos. El padre preocupado consultaba a D. Julián el médico del pueblo -no pasa nada Manuel, todos los chicos hablan y andan, estate tranquilo-. Pues así será -respondía el padre-, sin demasiada convicción.

Estaban todos observando en la cuadra, como la torda acariciaba a su pequeño, le limpiaba, le atraía hacia su propio cuerpo como si de esa manera le diera mejor protección y calor, Así lo sentía mas cerca de ella y lo ayudaba mejor cuando intentaba ponerse en pie. Y así, mirando al potro y a su madre, no se daban cuenta de que otro pequeño, se iba metiendo entre ellos, acercándose cada vez mas al corral de la cuadra donde estaban la yegua y su cría. Tomás pudo llegar todo lo cerca posible, junto a la puerta, sus ojos expectantes miraban y aunque no comprendían bien todo el milagro de la nueva vida, el comprendió que el potro estaba tan desamparado como se podía sentir su propia alma. La respuesta del potrito fue igual a la de Tomás, los dos se miraban, tan pequeños ellos, que el amor surgió entre los dos de manera espontánea. Como podía el potro se iba acercando a Tomás, se tambaleaba tanto que parecía que se iba a caer de costado en cualquier momento, pero lo consiguió, llego donde estaba el niño y empezó a lamerle las manos y la cara. Tomás estaba quieto como una estatua, dejándose acariciar , y en un momento abrió su boca y exclamó - amigo-. El júbilo entre los habitantes de la finca fue unánime al oír al niño hablar, tanto es así que el padre
sin poder ocultar su emoción dijo con la voz en alto -el potro no se vende, se queda en la finca y se llamará Canela- he dicho.


 


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