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entrega10
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Vuelven del paseo diario los dos
amigos y oyen relinchar a un potro, pero escuchan los dos atentos cómo que no va
con ellos, que se lo imaginan. ¡Ay! a medida que se acercan los relinchos son
cada vez mas fuertes, aprietan el paso porqué notan que se hacen mas agudos a
medida que llegan a la casa. Les están esperando Manuel, la Mar, la abuela, la
tía, en fin todos han salido hoy a esperarlos, quieren ver la cara que ponen
Canela y Tomás cuando vean a la Rubia, la yegüita que ha comprado su padre y que
con tanto misterio han llevado a la finca con el objeto de darles una agradable
sorpresa.
Sólo tiene ocho meses, es muy pequeña pero tan bonita. Tomás desmonta de Canela
con mas cuidado que de costumbre, no quiere asustarla parece tan frágil, el que
recuerda a su potro tan robusto, creciendo tan grande que en la casa decían a
menudo que algún día dejaría de crecer tanto y tan deprisa; que la Rubia le
parece de juguete hasta que la potrita empieza a correr por todo el cercado
dando unos brincos y unas coces que para qué. Me gusta su viveza María -dice
Manuel, eso es bueno, que tenga genio. A todo ésto Canela se ha quedado
petrificado -¿qué es ésa cosa tan pequeña, que corre tanto?. Sabe que es como
el, pero ya no se acuerda de cuando era como ella, aún así siente una gran
ternura dentro de si, porqué con la potrita le vienen gratos recuerdos de la
torda a su mente. Poco a poco se va acercando a la Rubia, la huele, la lame y la
empuja con su hocico, La Rubia se acerca a él, y se queda quieta a su costado,
cómo el hacia con su madre, así la pequeña se siente mas protegida. Canela no se
mueve, de repente se oyen risas de la otra parte del cercado, son Tomás y su
familia, todos se ríen porqué la verdad es que el caballo ha sido un poco payaso
en su acercamiento a la potra, pero ahora ya está todo en orden; ya pueden
llevarlos a la cuadra juntos y los demás retirarse a la casa.
Llegado el día siguiente, bueno; Tomás no quería acudir a la escuela, él con sus
caballos, María se tuvo que poner dura con su hijo -primero la obligación- le
dice su madre, pero a Tomás como que le hablan en chino. Tuvo que acudir Manuel
en ayuda de ella, y con su calma habitual, hacer entender al muchacho que a la
escuela no se faltaba, desayuna -ledice-; que yo mismo te llevo al pueblo. Dicho
y hecho, Tomás no replicó y junto a su padre se tranquilizó y comenzó el ritual
de todos los días. Lo que pasa, es que hoy va a ser un día un poco difícil,
porqué no se concentra el chico para nada, Javier, el maestro; ha hablado con
Manuel y está un poco mas permisivo. Por un día no pasa nada -le dice- porqué
hoy está Tomás bastante nervioso.
Nervioso y la cabeza en la luna, no es que se esconda en su mundo, es que está
flotando en el. Es normal, sólo tiene en la cabeza a Canela y Rubia ¿qué estarán
haciendo? ahora tendo dos caballos -parece pensar- mientras mira, sentado en su
mesa, a través de la ventana en dirección hacia la finca. Si el puediera verlos
tan felices el uno con el otro. Canela ya no se siente tan sólo mientras Tomás
pasa el día fuera de la casa, antes estaba la torda, pero a lo suyo; ya tenía
su edad y no le mimaba como cuando era potro; y ahora, resulta que el tiene una
cosa pequeña de pelo rubio y crines y cola blancas a su lado y se pasa las horas
embobado mirándola. Además la potra sigue a Canela a donde quiera que va, le
relincha, le muerde las patas y echa a correr para que el la persiga, y el que
va a hacer, pues seguirla el juego; tiene diez años pero muchas ganas de trotar
y jugar con ella.
Ya ha empezado de nuevo a oler a primavera y buen tiempo en el aire, Manuel y la
Mari se han sentado un rato en el porche de su casa después de comer, y mientras
toman un café observan el cercado y lo bien que se entienden los dos, la potra y
Canela. ¿Sábes? -dice Manuel- nunca hubiera pensado hace pocos años que nuestras
vidas iban a ser tan intensas, Tomás se ha desarrollado con menos problemas de
los que pensábamos, gracias a ésa belleza alazana que tenemos enfrente. Debemos
dar gracias también a Javier, que tan bien lo acogió y ha sabido enseñar. Ahora
sólo nos queda esperar que todo siga yendo como hasta hoy. Así será -le responde
María- ya lo verás. Y de nuevo guardan silencio y disfrutan del ambiente de paz
que rodea su finca.
Cuando hacia el atardecer regresa Tomás, corriendo, porque ha aprendido a
correr; para que no se le escape un minuto de estar con sus animales queridos,
los dos le están esperando quietos como una vela detrás de la empalizada. Cuando
nació Canela ambos pequeños se reconocieron rápido como uno en el otro, pero
ahora Tomás es mas mayor y mas consciente para reconocer y disfrutar a su nueva
amiga de otra manera. Pero hay un problema con ella, no es tan tranquila como
era Canela. Tomás ensilla a su caballo para el paseo por la finca, pretendiendo
llevar con ellos a Rubia sin sujección. Ni hablar, en cuanto sale del cercado
arranca a correr, Tomás se queda parado sin capacidad de reacción para cogerla,
tienen que salir los trabajadores, la madre y los parientes hacia el campo. En
el pinar la potra se para y consiguen hacer entre todos un círculo que poco a
poco van estrechando hasta que uno de los mozos logra ponerle la cabezada, pero
hasta que consigue que se quede quieta le cuesta un rato, que manera de hacer
cabriolas, ponerse de manos, relinchar; pero bueno, todos saben que son alegrías
de un animal muy joven, ya se tranquilizará,
Montado en Canela va llegando Tomás al pinar, con los ojos abiertos como platos,
todavía sin creerse del todo lo que ha pasado, él que pensaba que todos los
caballos eran iguales; recordando vagamente sus paseos con su caballo cuando era
potro y el un niño pequeño. Esta yegua es distinta, se escapa, corre como un
rayo y es desobediente. Bueno, no importa, Tomás se acerca, pide que le acerquen
el ronzal que sujeta a Rubiza y cogiéndolo arranca a pasear por la finca, él
encima de Canela y Rubia sujeta a su lado. Ya va mas tranquila, la calma del
caballo serena a la potra y pueden dar su paseo habitual sin mas sobresaltos.
Por la noche María le cuenta a Manuel lo ocurrido, que cuando escucha la
historia empieza a reir sin parar. Vaya -dice- el día que voy al mercado de
ganado y me pierdo vuestras correrías, abrase visto! Intenta imaginar la escena
con los ojos llorosos de la risa y el alma agradecida porqué su niño ha sido
consciente de lo ocurrido y con mano firme ha sujetado a la potra y ha tenido la
fuerza suficiente para hacerse obedecer y ha disfrutado sabiéndose capaz de ser
mas independiente.
Si es que Tomás, con su propio esfuerzo y la ayuda de los demás ha ido siempre
hacia adelante y se le nota al muchacho, que ha crecido queriendo superarse cada
día, porqué además ha tenido siempre a su lado un gran amigo, su caballo Canela,
que se paraba cuando se caía y caminaba cuando el lo hacía.
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