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Vuelven del paseo diario los dos amigos y oyen relinchar a un potro, pero escuchan los dos atentos cómo que no va con ellos, que se lo imaginan. ¡Ay! a medida que se acercan los relinchos son cada vez mas fuertes, aprietan el paso porqué notan que se hacen mas agudos a medida que llegan a la casa. Les están esperando Manuel, la Mar, la abuela, la tía, en fin todos han salido hoy a esperarlos, quieren ver la cara que ponen Canela y Tomás cuando vean a la Rubia, la yegüita que ha comprado su padre y que con tanto misterio han llevado a la finca con el objeto de darles una agradable sorpresa.

Sólo tiene ocho meses, es muy pequeña pero tan bonita. Tomás desmonta de Canela con mas cuidado que de costumbre, no quiere asustarla parece tan frágil, el que recuerda a su potro tan robusto, creciendo tan grande que en la casa decían a menudo que algún día dejaría de crecer tanto y tan deprisa; que la Rubia le parece de juguete hasta que la potrita empieza a correr por todo el cercado dando unos brincos y unas coces que para qué. Me gusta su viveza María -dice Manuel, eso es bueno, que tenga genio. A todo ésto Canela se ha quedado petrificado -¿qué es ésa cosa tan pequeña, que corre tanto?. Sabe que es como el, pero ya no se acuerda de cuando era como ella, aún así siente una gran ternura dentro de si, porqué con la potrita le vienen gratos recuerdos de la torda a su mente. Poco a poco se va acercando a la Rubia, la huele, la lame y la empuja con su hocico, La Rubia se acerca a él, y se queda quieta a su costado, cómo el hacia con su madre, así la pequeña se siente mas protegida. Canela no se mueve, de repente se oyen risas de la otra parte del cercado, son Tomás y su familia, todos se ríen porqué la verdad es que el caballo ha sido un poco payaso en su acercamiento a la potra, pero ahora ya está todo en orden; ya pueden llevarlos a la cuadra juntos y los demás retirarse a la casa.

Llegado el día siguiente, bueno; Tomás no quería acudir a la escuela, él con sus caballos, María se tuvo que poner dura con su hijo -primero la obligación- le dice su madre, pero a Tomás como que le hablan en chino. Tuvo que acudir Manuel en ayuda de ella, y con su calma habitual, hacer entender al muchacho que a la escuela no se faltaba, desayuna -ledice-; que yo mismo te llevo al pueblo. Dicho y hecho, Tomás no replicó y junto a su padre se tranquilizó y comenzó el ritual de todos los días. Lo que pasa, es que hoy va a ser un día un poco difícil, porqué no se concentra el chico para nada, Javier, el maestro; ha hablado con Manuel y está un poco mas permisivo. Por un día no pasa nada -le dice- porqué hoy está Tomás bastante nervioso.

Nervioso y la cabeza en la luna, no es que se esconda en su mundo, es que está flotando en el. Es normal, sólo tiene en la cabeza a Canela y Rubia ¿qué estarán haciendo? ahora tendo dos caballos -parece pensar- mientras mira, sentado en su mesa, a través de la ventana en dirección hacia la finca. Si el puediera verlos tan felices el uno con el otro. Canela ya no se siente tan sólo mientras Tomás pasa el día fuera de la casa, antes estaba  la torda, pero a lo suyo; ya tenía su edad y no le mimaba como cuando era potro; y ahora, resulta que el tiene una cosa pequeña de pelo rubio y crines y cola blancas a su lado y se pasa las horas embobado mirándola. Además la potra sigue a Canela a donde quiera que va, le relincha, le muerde las patas y echa a correr para que el la persiga, y el que va a hacer, pues seguirla el juego; tiene diez años pero muchas ganas de trotar y jugar con ella.

Ya ha empezado de nuevo a oler a primavera y buen tiempo en el aire, Manuel y la Mari se han sentado un rato en el porche de su casa después de comer, y mientras toman un café observan el cercado y lo bien que se entienden los dos, la potra y Canela. ¿Sábes? -dice Manuel- nunca hubiera pensado hace pocos años que nuestras vidas iban a ser tan intensas, Tomás se ha desarrollado con menos problemas de los que pensábamos, gracias a ésa belleza alazana que tenemos enfrente. Debemos dar gracias también a Javier, que tan bien lo acogió y ha sabido enseñar. Ahora sólo nos queda esperar que todo siga yendo como hasta hoy. Así será -le responde María- ya lo verás. Y de nuevo guardan silencio y disfrutan del ambiente de paz que rodea su finca.

Cuando hacia el atardecer regresa Tomás, corriendo, porque ha aprendido a correr; para que no se le escape un minuto de estar con sus animales queridos, los dos le están esperando quietos como una vela detrás de la empalizada. Cuando nació Canela ambos pequeños se reconocieron rápido como uno en el otro, pero ahora Tomás es mas mayor y mas consciente para reconocer y disfrutar a su nueva amiga de otra manera. Pero hay un problema con ella, no es tan tranquila como era Canela. Tomás ensilla a su caballo para el paseo por la finca, pretendiendo llevar con ellos a Rubia sin sujección. Ni hablar, en cuanto sale del cercado arranca a correr, Tomás se queda parado sin capacidad de reacción para cogerla, tienen que salir los trabajadores, la madre y los parientes hacia el campo. En el pinar la potra se para y consiguen hacer entre todos un círculo que poco a poco van estrechando hasta que uno de los mozos logra ponerle la cabezada, pero hasta que consigue que se quede quieta le cuesta un rato, que manera de hacer cabriolas, ponerse de manos, relinchar; pero bueno, todos saben que son alegrías de un animal muy joven, ya se tranquilizará,

Montado en Canela va llegando Tomás al pinar, con los ojos abiertos como platos, todavía sin creerse del todo lo que ha pasado, él que pensaba que todos los caballos eran iguales; recordando vagamente sus paseos con su caballo cuando era potro y el un niño pequeño. Esta yegua es distinta, se escapa, corre como un rayo y es desobediente. Bueno, no importa, Tomás se acerca, pide que le acerquen el ronzal que sujeta a Rubiza y cogiéndolo arranca a pasear por la finca, él encima de Canela y Rubia sujeta a su lado. Ya va mas tranquila, la calma del caballo serena a la potra y pueden dar su paseo habitual sin mas sobresaltos.

Por la noche María le cuenta a Manuel lo ocurrido, que cuando escucha la historia empieza a reir sin parar. Vaya -dice- el día que voy al mercado de ganado y me pierdo vuestras correrías, abrase visto! Intenta imaginar la escena con los ojos llorosos de la risa y el alma agradecida porqué su niño ha sido consciente de lo ocurrido y con mano firme ha sujetado a la potra y ha tenido la fuerza suficiente para hacerse obedecer y ha disfrutado sabiéndose capaz de ser mas independiente.

Si es que Tomás, con su propio esfuerzo y la ayuda de los demás ha ido siempre hacia adelante y se le nota al muchacho, que ha crecido queriendo superarse cada día, porqué además ha tenido siempre a su lado un gran amigo, su caballo Canela, que se paraba cuando se caía y caminaba cuando el lo hacía.

 

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