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< entrega 12

Todos en la finca se van haciendo mayores, Manuel, María y como no; Tomás y Canela, que con el paso de los años se ha vuelto cansino, ahora ha vuelto a salir a pasear sin cabezada al lado de su amigo, ya se ha ganado de nuevo la tranquilidad porqué el respeto por el sigue siendo el mismo en la finca. Además, el caballo ha dejado un digno heredero de su estirpe, si potro Brisa. Ya está domado y como el ha sido, noble y dócil con Tomás. El hombre en que se ha convertido aquel niño disfruta mucho con el hijo de Canela, pero en su mirada denota la tristeza que intuye que su querido caballo se ha hecho mayor y ya no es el mismo, necesita de otros cuidados, ha dado tanto que ahora le toca recibir a él. Recibe Canela con todo agradecimiento los mimos que le dan, la atención que le prestan y como se preocupan de que se encuentre cómodo y bien. Ahora con el tiempo frio, aunque estén en la cuadra que da a la pared de la chimenea, a el le ponen una manta gordita, porqué con la edad se ha vuelto friolero.

Brisa con Rubia y Canela se encuentra seguro, no importa si en el cercado en el buen tiempo o en la cuadra con el frio, lo importante es que ellos se sienten muy queridos por todos los que habitan en la finca. Además se nota lo orgullosos que se sienten todos con ellos, habrá animales buenos, pero como estos, pocos -dice orgulloso Manuel-, Canela amigo; nos hemos ido haciendo mayores todos, no sólo tu querido caballo. No puede evitar emocionarse recordando la historia desde que su hijo y él eran unos pequeños que no se separaban apenas, le vienen todos los recuerdos a su mente como si de una película se tratara, cuando aquella vez que no encontraban al niño y los encontraron durmiendo juntos en el cercado de la finca, o cuando Tomás se agrraba a Canela para mantener el equilibrio y no caerse, y como el potro no caminaba deprisa para que el niño se sintiera seguro. El se ha hecho mayor, y también Tomás, no necesita agarrarse a su caballo para caminar, ahora aunque sigue sin pronunciar palabra, es un hombre hecho y derecho que ha aprendido las tareas de su educación y las de ayudar a en la finca, es un buen apoyo y un orgullo para sus padres, y aunque no he hablado de ello, tienen otros dos hijos menores que Tomás, que son tan importantes en sus vidas como el; pero no he querido hablar de ellos en éste relato para no quitar protagonismo a los dos verdaderos protagonistas de ésta historia, Tomás Y Canela.

Sale a pasear como siempre Tomás un rato con su nuevo potro, que de momento tiene tan sólo cuatro años y cuando Manuel puede lo acompaña con la Rubia. Sino hace demasiado frio ya que han entrado de nuevo en el duro invierno castellano, abrigadito, llevan a Canela con ellos, y el caballo lo agradece; le viene bien estirar sus extremidades un rato durante el paseo, y de vez en cuando todavía tiene ganas de trotar un poco, además es gracioso, porqué si el va despacio, Brisa y la yegua también, si el se adelanta y trata de ir mas deprisa la Rubia y el potro le siguen al paso que el marca, pero no se les ocurre adelantarle, sigue siendo el patriarca de ellos, y ahora que es ya un caballo mayor, con mas motivo todavía, porqué su experiencia es el aprendizaje de Brisa y el orgullo de la Rubia.

Y así, entre paseo y paseo, vuelven a pasar los días, y van llegando de nuevo al tiempo que les gusta a Tomás y sus caballos, la primavera, fresquita pero con los días mas largos y que dan mas de si, mas tiempo para disfrutar con ellos y de sus paseos por el campo, el pueblo, la finca, los pinares. El verano, fantástico con sus larguísimas tardes, con Canela, Rubia y Brisa en el cercado al aire libre, comiendo la hierba fresca que les lleva Manuel o tumbados al fresco de la arena, además para mitigar un poco la fuerza del sol en ésta época, les han construído en un lateral de la empalizada un refugio de madera que junto con los árboles que plantaron cuando Canela era potro, les sirve para que descansen, si asi lo quieren a la sombra.

Tomás sigue yendo con Javier el maestro al pueblo, desde mucho tiempo atrás que dejó la escuela y estuvieron pensando sus padres si enviarlo a un colegio interno para seguir su educación, pero finalmente decidieron que el sitio de su hijo, era con ellos en la finca y ahí es donde realmente ha aprendido a conocer la vida, junto a sus padres y el gran amor que siempre ha recibido por parte de todos los que le han conocido. Junto a Javier sigue aprendiendo, le enseña manualidades, le enseña a leer, lo que no sabe el maestro es si lee bien o no, porqué Tomás no pronuncia palabra, dan grandes paseos juntos, y le cuenta de los árboles, los nombres, si tiran o no las hojas en invierno, de las plantas, ésta se llama así, y sirve para calmar el dolor, ésta otra es muy bonita para adornar la casa. Esta flor es un pensamiento, una rosa, y así le va explicando las maravillas de la naturaleza para que Tomás las reconozca. Se han hecho muy amigos después de tanto tiempo de tratarse a diario y también suelen pasear por el pueblo, hablan con la gente, toman un refresco en verano o un chocolate caliente en invierno y muchas veces caminando le acompaña hasta la finca y aprovecha para ver a Canela y llevarle algún dulce, que a el le gustan muchísimo, sobre todo los azucarillos. Así que Javier la mayoría de las veces, toma el café con un solo azúcar para darle a Canela el otro.

Canela está alerta cuando siente sus voces a lo lejos acercándose a la casa, nadie de la casa los oye, pero saben que vienen porqué las orejas del caballo están en constante movimiento y sus ojos fijos en un punto, que es por donde se acercan. Como están en pleno verano, y las noches son muy agradables, invitan a menudo a Javier a cenar con ellos, que acepta de buen grado, ya que los considera  como su propia familia, son muchos años tratándose y enseñándoles como educar y entender a Tomás y la confianza y el aprecio entre ellos es mútua.

Uno de éstos días en que vienen caminando despacio aprovechando la tranquilidad del paseo los dos amigos, cercanos al pinar, Tomás se da cuenta del silencio, no oye los relinchos de sus caballos y con su mano obliga a parar a Javier para escuchar mejor, el silencio sigue siendo la respuesta, obliga el chico a caminar deprisa al maestro, algo pasa, su corazón palpita demasiado fuerte, Canela, su amigo le llama, aunque no se le oiga en el entorno.

Tomás echa a correr, Javier no comprende pero le sigue. Los dos llegan jadeantes a la casa, donde no hay nadie en el porche, y siguen hasta el cercado, donde D. Anselmo el veterinario del pueblo está arrodillado rodeado de la familia invitando a Canela a levantarse, que parece que está muy débil para hacerlo sólo. Entre el, Manuel y algunos hombres consiguen ponerlo en pie y le ayudan para llegar hasta la cuadra que está junto a la chimenea de la casa, no está bien Canela, son ya muchos años, tantos como veinte bastante pasados y y parece que empieza a marcharse poco a poco, Tomás no entiende nada, se arrodilla junto a su gran amigo y el apoya su cabeza en las rodillas del muchacho, se siente seguro con Tomás, respira mas tranquilo aunque lo sigue haciendo con cierta agitación. Dice D. Anselmo, que realmente el caballo no está enfermo, que se trata de debilidad por la edad y que hay que estar a su lado para que se sienta mas tranquilo, le ha puesto una inyección de vitaminas para elimentarlo, ya no come Canela, ni el azúcar que le ha llevado Javier, pero el caballo le mira agradecido, también eres mi amigo -parece decirle-, y te estoy agradecido por lo bien que has tratado a mi niño.

Tomás no se mueve, sólo acaricia a Canela que le mira con un amor infinito, le da un pequeño relincho como diciéndole -gracias por todo- siempre estarás conmigo en mi corazón. Tomás no para de llorar, se imagina lo que está a punto de ocurrir, Canela ayer estaba bien, y hoy me voy a la mañana con mi maestro y amigo al pueblo y cuando vuelvo por la tarde mi amigo querido, mi amigo del alma; se está despidiendo de mi.

Pasan la noche todos en la cuadra, nadie se sepra de Canela, Rubia y Brisa no hacen el mas mínimo ruido, están tan silenciosos que a Manuel casi se le olvida darles de cenar. Se va a atenderlos para volver rápidamente con su hijo y su querido caballo alazán tostado que un día de hace varios años nació entre los pinos de su finca, de madre torda y de padre bayo, que les ha dado multitud de alegrias y satisfacciones y sobre todo le ha dado a su hijo Tomás la lección mas grande de la vida, su entrega y su amor.

Van pasando las horas y está cercano el amanecer, Canela sigue son su cabeza apoyada en las rodillas de Tomás, y Tomás no se ha movido en toda la noche para que su gran amigo estuviera descansando tranquilo entre su calor y sus caricias, ya apunta el sol, que entra tímidamente en la cuadra e ilumina a Canela y Tomás, el caballo abre los ojos y mirando a su amigo y respirando hondamente, los vuelve a cerrar cuando expulsa el aire de sus pulmones. Canela se ha ido dejando tras de si a un Tomás lleno de tristeza que abrazado a el y llorando compulsivamente exclama -CABALLO VIEJO, MI AMIGO-.

Todos quedan perplejos ante las palabras de Tomás, no ha dudado en ningún momento al expresar su amor por Canela, Manuel llorando por la tristeza de perder a ése gran caballo y la emoción de oir hablar a su hijo no puede evitarlo y se derrumba de rodillas en el suelo abrazando a Canela porqué ha hecho hasta el milagro de que Tomás demuestre a todos que puede hablar. María abrazada a sus dos hombres llora también sin parar, y en su corazón no para de dar gracias a ése gran caballo que fué Canela.

A lo lejos se oye el relincho del potro, digno sucesor de su padre; todos lo escuchan porqué es un canto de esperanza, Brisa está lleno de fuerza y vida, es la continuidad de Canela que les ha dejado un potro tan lleno de nobleza como el. Tomás y Brisa continuarán la vida sin Canela, pero lo conseguirán y seguro que serán tan buenos amigos como el viejo caballo y Tomás. Pero esto es ya otra historia.



ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO....FIN...................