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entrega 2
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Se hacia tarde por momentos, pasaban rápidos los minutos mirando al
potro. La palabra que dijo Tomás había sido dicha con tanto sentimiento que
todos habían perdido la noción del tiempo. -Es hora de ir a la casa, es tarde-,
dijo María "la Mari" como la llamaban todos en la finca. Es la madre de Tomás y
quiere que el niño se duerma ya, y que los mayores cenen y se acuesten; mañana
hay mucho que hacer en la finca. -Tienes razón- dice Manuel, su marido, -mañana
hay que trillar todo el campo-. Y así calmaron todos sus emociones y se
retiraron a la casa. El próximo dia ya traería lo que tuviera que traer.
María ya ha acostado a Tomás y le habla suavemente, como sólo una madre habla a
su hijo,
-pequeño mío- le dice, -hoy has dado un gran paso hacia adelante, seguiremos
teniendo fé en que todo siga así. Sueña con tu amigo y descansa mi amor.
El niño ya se ha dormido, tan relajado como hacía tiempo no ha estado, y aunque
no lo comprenda muy bien, sueña con Canela, que se acarician y se abrazan. Y que
es grande el potro y subido en su lomo galopan como flechas por encima de las
nubes, suben cientos de montañas, atraviesan miles de lagos y las risas del niño
llegan a cada rincón del mundo. El saluda desde su cielo a todos los habitantes
de la finca aunque ellos no lo puedan ver. Que feliz.
El pequeño Tomás nunca se había sentido tan bien, podía correr, volar, sentirse
libre. Así sentía su alma, libre. Despierto se sentía atado a un cuerpo que no
le respondía y no sabía porqué. Que bonito era soñar...
Mientras tanto Canela en la cuadra también dormía pegadito a su madre, sintiendo
la tibieza del calor de la torda junto a su pequeño cuerpo, recibiendo cobijo
entre sus patas y el aliento en su cara, ¡que seguro se sentía! -tanto- que ni
soñaba. Canela sólo empezaba a disfrutar de su reciente nueva vida.
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