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Ya pasado el ecuador del verano, se acerca día a día el esperado Septiembre. Esperado porqué es el cumpleaños de Tomás y temido porqué comienza el niño a ir a la escuela. Todo son preguntas en la casa entre unos y otros -creéis que Tomasito se adaptará bien?-, pregunta la abuela. -Seguro que si- le responde su hermana. -Además, es listo y tranquilo; sólo hay que tener con el un poquito de paciencia- dice María. Como si se le hubiera escapado un pensamiento del fondo de su corazón.

De momento todo sigue tranquilo en la finca,  como casa siempre. Canela y Tomás, cada vez mas cercanos el uno al otro. El potro va creciendo fuerte y sano, estando suelto en la finca, -ya ha demostrado que no se escapa-, con sus diez meses ya cumplidos se perfila como un futuro caballo de alta alzada, líneas proporcionadas y un pelaje que mas parece oro al sol que su color natural.

Ya ha llegado el cumpleaños de Tomás. Hoy hay un movimiento extraño en las mujeres de la casa, están colgando al aire libre unas cosas de colorines que se mueven con la brisa, y dan alegría a la finca. Tomás y Canela están mirando las serpentinas como si fuera un milagro, algo espectacular; pero no se mueven; solo miran, como hipnotizados.  Todo esto es para celebrar el ya comentado cumpleaños del niño, van a venir los niños del pueblo con sus padres y esperan pasar una buena tarde en compañía de todos sus amigos y allegados. Va a haber bocadillos, refrescos, pasteles, hasta van a jugar a poner el rabo al burro y a romper cucañas. Han puesto una mesa muy larga con manteles blancos debajo del porche y encima toda la merienda. El potro y el niño siguen quietos mirando todo sin pestañear, parecen mas una figura decorativa que los dos seres vivos mas queridos por todos en la casa. Han llegando los invitados y la fiesta está animadísima, el griterío de los niños, el encontrarse de los adultos, hoy se han dado fiesta en sus tareas y obligaciones para celebrar con toda la familia el cuarto cumpleaños de Tomás, pero ¿dónde está?, nadie lo encuentra y mira que han buscado por todos los sitios, hasta en el gallinero. Ha nadie se le ha ocurrido mirar en la cuadra, la que da a la pared de la chimenea, como no se utiliza desde la pasada primavera y tiene la puerta cerrada; ni se imaginan que el niño está allí. Alguien pregunta -¿dónde está el potro?-. -Con su madre-, responde un niño desde el cercado. Por supuesto que con la torda, Tomàs protegido en su cuadra de invierno y el con su madre, por si acaso; demasiado pequeño suelto corriendo y gritando por todos los sitios. Parece pensar -un poco de calma, por favor-. Al término de la fiesta, cuando en el silencio Tomás apareció de nuevo, alguien dijo -éste niño es muy listo-.


Y como es natural en la vida, las cosas se van sucediendo a su ritmo, de tal  manera que ha llegado el comienzo de la escuela para Tomás y esto ya es otra historia. No es como aquellos preparativos que recordaba, aquí hay algo mas. Ha venido un señor a casa, al que llaman D. Antonio; que parece muy sobrio y lleva hasta un reloj en un bolsillo de su chaleco, que impone cierto respeto y que habla con sus padres de otro señor que se va a ocupar del niño y que les dice que estén tranquilos que es un gran profesional y que todo va a ir bien ¿pero quien? ¿pero que tiene que ir bien? -parece pensar el pequeño Tomás-.

Lo que el niño no se imagina, que falta poco  para que comience el curso y que va a tener que pasar unas cuantas horas separado de Canela. Cómo lo llevarán -comentan en la cocina de la casa, mientras cenan la víspera del comienzo. Tomás ya ha sido acostado hace tiempo y duerme cómo un ángel. Habrá que esperar a la mañana siguiente para ver que tal va todo. La Mari ni duerme y Manuel que parece mas tranquilo, tampoco. Pero parece ser que ésta noche ninguna en la casa duerme,  a excepción del niño en su cama y Canela en el cercado con la torda, a esto se le debe de conocer como el sueño del inocente, porqué los dos están felices en su mundo de sueños.
 

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