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entrega 5
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Ya pasado el ecuador del verano, se acerca día a día el esperado
Septiembre. Esperado porqué es el cumpleaños de Tomás y temido porqué comienza
el niño a ir a la escuela. Todo son preguntas en la casa entre unos y otros
-creéis que Tomasito se adaptará bien?-, pregunta la abuela. -Seguro que si- le
responde su hermana. -Además, es listo y tranquilo; sólo hay que tener con el un
poquito de paciencia- dice María. Como si se le hubiera escapado un pensamiento
del fondo de su corazón.
De momento todo sigue tranquilo en la finca, como casa siempre. Canela y Tomás,
cada vez mas cercanos el uno al otro. El potro va creciendo fuerte y sano,
estando suelto en la finca, -ya ha demostrado que no se escapa-, con sus diez
meses ya cumplidos se perfila como un futuro caballo de alta alzada, líneas
proporcionadas y un pelaje que mas parece oro al sol que su color natural.
Ya ha llegado el cumpleaños de Tomás. Hoy hay un movimiento extraño en las
mujeres de la casa, están colgando al aire libre unas cosas de colorines que se
mueven con la brisa, y dan alegría a la finca. Tomás y Canela están mirando las
serpentinas como si fuera un milagro, algo espectacular; pero no se mueven; solo
miran, como hipnotizados. Todo esto es para celebrar el ya comentado cumpleaños
del niño, van a venir los niños del pueblo con sus padres y esperan pasar una
buena tarde en compañía de todos sus amigos y allegados. Va a haber bocadillos,
refrescos, pasteles, hasta van a jugar a poner el rabo al burro y a romper
cucañas. Han puesto una mesa muy larga con manteles blancos debajo del porche y
encima toda la merienda. El potro y el niño siguen quietos mirando todo sin
pestañear, parecen mas una figura decorativa que los dos seres vivos mas
queridos por todos en la casa. Han llegando los invitados y la fiesta está
animadísima, el griterío de los niños, el encontrarse de los adultos, hoy se han
dado fiesta en sus tareas y obligaciones para celebrar con toda la familia el
cuarto cumpleaños de Tomás, pero ¿dónde está?, nadie lo encuentra y mira que han
buscado por todos los sitios, hasta en el gallinero. Ha nadie se le ha ocurrido
mirar en la cuadra, la que da a la pared de la chimenea, como no se utiliza
desde la pasada primavera y tiene la puerta cerrada; ni se imaginan que el niño
está allí. Alguien pregunta -¿dónde está el potro?-. -Con su madre-, responde un
niño desde el cercado. Por supuesto que con la torda, Tomàs protegido en su
cuadra de invierno y el con su madre, por si acaso; demasiado pequeño suelto
corriendo y gritando por todos los sitios. Parece pensar -un poco de calma, por
favor-. Al término de la fiesta, cuando en el silencio Tomás apareció de nuevo,
alguien dijo -éste niño es muy listo-.
Y como es natural en la vida, las cosas se van sucediendo a su ritmo, de tal
manera que ha llegado el comienzo de la escuela para Tomás y esto ya es otra
historia. No es como aquellos preparativos que recordaba, aquí hay algo mas. Ha
venido un señor a casa, al que llaman D. Antonio; que parece muy sobrio y lleva
hasta un reloj en un bolsillo de su chaleco, que impone cierto respeto y que
habla con sus padres de otro señor que se va a ocupar del niño y que les dice
que estén tranquilos que es un gran profesional y que todo va a ir bien ¿pero
quien? ¿pero que tiene que ir bien? -parece pensar el pequeño Tomás-.
Lo que el niño no se imagina, que falta poco para que comience el curso y que
va a tener que pasar unas cuantas horas separado de Canela. Cómo lo llevarán
-comentan en la cocina de la casa, mientras cenan la víspera del comienzo. Tomás
ya ha sido acostado hace tiempo y duerme cómo un ángel. Habrá que esperar a la
mañana siguiente para ver que tal va todo. La Mari ni duerme y Manuel que parece
mas tranquilo, tampoco. Pero parece ser que ésta noche ninguna en la casa
duerme, a excepción del niño en su cama y Canela en el cercado con la torda, a
esto se le debe de conocer como el sueño del inocente, porqué los dos están
felices en su mundo de sueños.
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